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Dimas Ortega López
Ante el cercano V Centenario de la Fundación de las Parroquias del Valle y conocido el síndrome de las Efemérides que actualmente experimenta la historiografía, parece lógico reconstruir la memoria, no sólo como un tributo de la cronología sino también para evitar erróneas interpretaciones de las hechas históricas. Es por ello que en el largo preámbulo de las Efemérides que celebraremos dentro de tres años, esta noche es, a mi juicio, un hito cultural de primera magnitud, acogidos por la ciudad de Blanca y convocados por sus electos cronistas oficiales. Si me permiten una alusión personal, por la cual les pido disculpas, es para mi motivo de profunda alegría estar esta noche aquí, no como forastero, sino como hijo de esta tierra, a la vez que agradezco con todo mi alma el alto honor que mis ilustres colegas y entrañables amigos Govert y Ángel me hacen al haber pensado en mi para presentar sus libros. Sin caer en el celo patrio, antes bien haciendo un esfuerzo de objetividad, he de decir lo que es evidente: tenemos el honor de haber sido paridos en una tierra especialmente dotada por la naturaleza, pero que sus gentes en los dos últimos milenios de nuestra historia han sabido orlar de eminentes hombres y mujeres que han brillado en los campos cultural, eclesiástico, filosófico, miliar, teológico y en todos los campos de las ciencias y las artes. Sigue siendo hoy el Valle una oferta en todos los campos del saber. Prueba de ellos es el evento que esta noche nos reúne. El libro de D. Ángel Ríos, "Crónica de 2001, perteneciente a su cada vez más abultada serie "Blanca, una página de su historia", viene a presentarnos la cotidianidad de nuestra ciudad, de sus gentes, a lo largo del año pasado. Es un libro con visión del futuro. Hoy, de él nos interesa lo anecdótico: el día a día que hace historia, es decir, los aspectos culturales, las decisiones de gobierno del concejo, las crónicas y artículos publicados en las medias de comunicación, el deporte, la actividad parroquial, las fiestas y tradiciones, la estadística, los acontecimientos familiares, el arte, los toros y mil cosas más que forjan el día a día de una ciudad cada día más bella y próspera. Pero mañana, cuando el tiempo vaya pasando, no sólo será anécdota sentida como fuente viva de historia para generaciones venideras. Govert, en su "Blanca, El Ricote de Don Quijote", el libro que hoy me cabe el honor de presentar, trata de la expulsión y regreso de los moriscos valricotíes. Tema enormemente interesante del que parcialmente se ha escrito mucho en la historiografía hispana pero que por primera vez es tratado con tan alta minuciosidad en cuanto este tema de refiere a Blanca y al Valle, a la vez que es la primera vez que alguien se le ocurre pergeñar las fuentes hasta el punto de exprimirlas y saciarnos de multitud de datos e ideas, algunas de ellas, atrevidas, que si bien se intuían nunca se expresaron en una edición tan voluminosa, documentada y con una metodología tan científica como lo que hoy Govert nos recrea. Comienza su relato el autor sorprendiéndonos con la vida cotidiana en Blanca en los años precedentes a la expulsión. Es este aspecto de la cotianidad una de las últimas tendencias historiográficas ya que nos interesa saber cómo eran, cómo vivían, como sentían nuestros antepasados. Govert, pues, acierta de forma admirable al presentarnos la toponimia, los cultivos, las profesiones, la estructura jerárquica del concejo, las escuelas, los forasteros residentes en Blanca, las relaciones de los Blanqueños con sus vecinos del Valle y del Reino de Murcia, la indumentaria que vestían, la vida familiar, la vivienda, la vida social: el baile, los juegos, las diversiones, la muerte, etc. Después de hacer un minucioso estudio demográfico pasa el autor a presentarnos la realidad de la expulsión de los moriscos, cuya característica es el enorme sufrimiento que tal decisión causó en la población blanqueña y valricotí. Y como es su costumbre metodológica nos presenta este evento aportando una multitud de documentos, gráficas, cuadros y estadísticas, así como grabados de la realidad de la expulsión. En los restantes capítulos se estudia la vida religiosa de los moriscos, el papel desempañado por la iglesia ante la expulsión, los padrones oficiales de todos los pueblos del Valle de 1555 a 1633, el minucioso estudio que hace de los libros parroquiales, la relación de las escrituras publicas de donación o venta redactadas ante su expulsión las cuales nos aportan una multitud de datos de todo tipo hasta hora desconocidos, y finalmente el voluminoso alarde documental que se refleja en las casi mil riquísimas páginas que invito encarecidamente a leer. Porque de eso se trata. Este libro no es para decorar una estantería del salón, sino para conocer un pasado rico y glorioso. En resumen. Las ideas que Govert nos aporta son, a mi juicio, las siguientes: La decisión de expulsar a los moriscos de los reinos de España y, en concreto los del valle tras ser exceptuados previamente, fue por causas palaciegas e intrigas de La Corte que no atendieron el clamor que desde el Valle y el Reino de Murcia imprecaba justicia al Rey. Los expulsados fueron españoles, tan españoles como nosotros, tan hispanos como los que habitaban el Valle en la Edad Media y en la antigüedad protocristiana. Por tanto, no expulsaron a gente de otra raza, sino que los jefes cortesanos expulsaron a sus súbditos compatriotas. Así mismo, estos expulsados, en su gran mayoría, eran cristianos convencidos, practicantes y consecuentes con su fe. Los documentos y las fuentes aportadas por Govert son contundentes en este sentido. Si bien la cúspide de la Iglesia Hispana era partidaria de la expulsión, la Diócesis de Cartagena, La Orden de Santiago, y los párrocos del valle fueron partidarios fervorosos de su permanencia en sus lugres, es decir, los que les veían, convivían y sabían como en realidad eran: tan cristianos y tan españoles como el Duque de Lerma y su camarillo de intransigentes. Finalmente, este libro, el segundo voluminoso libro de Govert, sobre el Valle, es una inigualable aportación a la ciencia y a la cultura. A partir de hoy, definitivamente el nombre de nuestra villa de Blanca, de nuestro Valle de Ricote y de nuestro amigo Govert estarán íntimamente unidos ante la historia. Es por ello que quiero felicitar al ilustre autor, y no solo felicitarle, sino darle, de todo corazón las gracias por el gran regalo que hoy nos hace presentándonos este magnífico libro. Una palabra más y termino. El Valle de Ricote, no solo en los tiempos recientes, no sólo en la etapa morisca, sin en los últimos dos mil años ha sido un ente geo-político-histórico-cultural unitario. Es decir, las seis villas han caminado al unísono a lo largo de su multisecular o bimilenaria historia. Hemos de mirar, pues, al futuro unidos, yendo de la mano, para que la oferta cultural, etiológica, histórica, artística, patrimonial y ecológica que los concejos y las asociaciones del Valle se proponen hacer sea efectiva. En 2005, V Centenario de la fundación de las parroquias, requiere el esfuerzo no solo de las instituciones concejiles, parroquiales y culturales del Valle, sino de todos y cada uno de los habitantes de esta tierra nuestra. Cuando leía las páginas del libro de Govert y contemplaba el sufrimiento de nuestros antepasados expulsados, tan bellísimamente ilustrado por el magistral pincel de Luis Molina, no pude sino recordar el terrible sufrimiento que en estos días tiene el pueblo palestino que está siendo no expulsado sino masacrado por los gobiernos de Israel. Permítanme que finalice mis palabras pidiendo emocionado a Yaveh, el Dios de Israel, a Alah, clemente y misericordioso, es decir, al único Dios vivo y verdadero, Padre de Jesucristo que pronto reina la paz, la justicia y la libertad en el pueblo palestino y en el mundo entero. Sr. Alcalde Sres. Cronistas Sres. Y Sras. Paisanos y amigos, Muchas gracias por la exquisita atención que me han concedido. |
Presentación de dos nuevos libros sobre Blanca, el jueves 4 de abril de 2002, por
el cronista oficial de Ricote, el sacerdote D. Dimas Ortega López: "Blanca, una página de su historia: Crónica 2001", escrito por Ángel Ríos Martínez y Blanca, "El Ricote de Don Quijote". Blanca, el último reducto islámico más grande de España. Años 1613 - 1654, escrito por Govert Westerveld |